Acrosoneto a Roma

Roma permuta la melancolía,
Imagina al aire como lienzo,
Sabes golondrina, es buen comienzo,
Adelante, deja tierra sombría.

Ahogaste llanto que extinguía
Mundanos nudos que hoy sólo trenzo
Oscuro pesar, eterno atrenzo;
Rojo clavel, en el viento se movía.

Locos actuando como viles dioses
Ostentamos un gran mundo ajeno
Creamos, destruimos, con desenfreno.

Urpichallay* , soledad no esposes,
Roma estás tan lejos, yo tan lleno,
Amor en tus ojos, me sentí pleno.

-Aldric Blau

*Urpichallay es una palabra en quechua que significa “palomita”.
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Nubes

 

 

Llevo tiempo con un verso encerrado, latiendo junto al pundonor de esos pensamientos divergentes que carecen de dolor; buscando la simetría entre lo que quiero y lo que deseo, me doy cuenta que voy perdiendo más de lo que he conseguido. Y admito ante el frío de noviembre que me aterra la idea de terminar deviéndole otra rosa más al campo medio lleno de ellas. He perdido una noche escudriñando entre las rimas que intentaron soltarme los grillos bajo el humo del cigarro que no fumo y la luz que la oscuridad no me entregó. No me he detenido a analizar el tiempo que aun falta porque dentro de todos mis sinsentidos es el único que no he querido tocar, como a aquel carrete que yace escondido en algún rincón del cobertizo podrido en recuerdos. Llámalo miedo o precaución, quizá respeto, quizá. Más si me aterra ser el único que entiende el verdadero motivo que empuja a las nubes a huir, pero más miedo me da ser el único que quiere ser una de ellas.

-Aldric Blau

Siempre contigo

—¿Estoy horrible verdad?
—Si horrible es verse hermosa, si, lo estás.
—Bobo.

Cogió el espejo y después de observarse un rato empezó a llorar.
—¿Por qué lloras?
—No es nada.
—Vamos… dime o te haré cosquillas y no pararé.
—Extraño mi cabello. —confesó.
—Pero te volverá a crecer. —le acaricié la mejilla.
—Lo sé —sonrió.
—Además tienes que verle el lado positivo.
—¿Ah si? ¿Cuál es ese?
—Bueno, necesitarás mucho maquillaje, pero creo que serías un buen Voldemort sexy este Halloween.

Ella lanzó una carcajada.

—Siempre y cuando tu estés ahí como Bellatrix. —respondió al calmarse.
—Seré la Bellatrix más barbuda que encontrarán.

Se rieron estrepitosamente.

—¿No te aburrirás de mi? —preguntó.
—No podría y no quiero.
—¿Pero por qué? Hay chicas más bonitas y saludables…
—Hey, eres muy hermosa y lo de tu salud ya pasará.
—Uhm… por lo que veo tienes un problema en la vista ¿eh?
—¿Y quién dice que la necesito para apreciar tu belleza?

Hubo un silencio, luego ella lo abrazó.

—¿De verdad no te irás?
—Jámas lo haré.

—Señorita Bells, debemos irnos, su quimioterapia está lista. —interrumpió la enfermera.

Ella le apretó la mano con fuerza.
—Estaré esperándote afuera, tranquila. —la calmaba acariciándole la cabeza.
—Te amo.
—Yo tambien.
—Gracias por todo.
—Anda, te espero aquí.

Sus manos fueron despegándose poco a poco, hasta que al fin la joven dejó el cuarto. Luego de un rato, Leonardo ingresó al baño de la sala de espera, miró en el espejo contemplando su reflejo, el mismo que poco a poco fue derrumbándose.

Estrellas

—Miren al cielo.

Todos se empezaron a cuestionar a dónde quería llegar con todo esto.

—¡Miren al cielo!.

La multitud alzó la vista sin oponer mayor resistencia.e

—¿Han visto lo que hay de estrellas en el firmamento? ¿Para qué están ahí?

—¿Para alumbrarnos la noche? —inquirió una joven.

—Son pequeñas fábricas de elementos químicos. Sin sus explosiones no existiría nada de lo que conocemos. —opinó un muchacho.

Empezaron a llover ideas, una tras otra. Hasta que al final pararon.

—Interesantes observaciones ¿Alguien más?— sonrío el viejo, algo desgarbado.

Esta vez lo secundó el silencio.

—¿Ustedes creen que ellas saben lo importante que son para nosotros? —dio un tiempo prudencial esperando alguna respuesta —Claro que no. No lo saben.

Los jóvenes se miraban unos a otros. Confundidos.

—Simplemente están donde deben estar. Simplemente existen y punto. Y con su existencia hacen mucho. Todos nosotros somos estrellas. Pero a diferencia de ellas, nosotros si tendremos quien llore nuestra supernova. Y si creen que no, diganme entonces ¿quién los trajo aquí? vamos chicos, tienen a alguien que los espera en casa deseando abrazar sus vidas con fuerza. Existan. Para ellos. Por ustedes. Gracias.

El viejo dejó el podio en medio de los aplausos. Siguió su camino echándose un trapo al hombro y empujando el carrito de limpieza fuera de la sala del centro de rehabilitación depresiva.